HISTORIA

El Jardín de las Hespérides se propone como un hortus conclusus, cuyo cerramiento se abre puntualmente, a modo de guiños, que sugieren al transeúnte la posibilidad de entrar en el mundo diferente del espacio ajardinado.

El relato mitológico sirve de hilo argumental, interpretado por medio de diferentes especies vegetales y esculturas, con el telón de fondo de los muros de ciprés intermitentes.

El trazado evidencia la racionalidad de un espacio de jardín de colección que queda difuminado por la propia vegetación, aportando el componente más próximo al mundo de las sensaciones.

El jardín linda con el vallado del Botánico, apropiándose de un tramo de la calle Gaspar Bono que pasa así a ser parte del propio jardín.

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Dos accesos de gran tamaño se emplazan en dicho encuentro con la calle, entradas principales cuyas puertas metálicas recogen frases descriptivas del mito de las Hespérides. Otros dos accesos con puertas de hormigón armado, emplazados en el Paseo de la Petxina y frente a la iglesia de los Jesuitas, mantienen la continuidad del cercado perimetral, materializándose con el mismo tratamiento que aquél.

La estructura geométrica del jardín es muy estricta, de modo que siempre sugiera la racionalidad de un espacio de colección vegetal, puesto que el trazado quedará en el futuro difuminado por la propia vegetación, aportando ésta la componente más próxima al mundo de las sensaciones. De este modo los componentes formales del jardín se disponen en una trama ortogonal. En el lado de poniente, tres terrazas longitudinales decrecientes en altura hacia el interior del jardín. En el lado del sur una pérgola que acompaña el acceso, deslizándose lateralmente sobre el mismo y permitiendo una visión global previa a introducirse en él. En el lado de levante se lazan los muros de ciprés recortado, a modo de secuencias visuales según se avanza desde la calle Gaspar Bono o en una visión total, teatral diríamos, sobre el cierre del Botánico coronado por el magnífico perfil de las copas de su frondoso arbolado.

El espacio central del jardín se configura como una explanada desde la cual el espectador puede asistir al espectáculo de las diferentes imágenes o contemplar los episodios del referente argumental: el árbol de los frutos de oro, las esculturas de las ninfas y su metamorfosis en árboles, la escultura del héroe o el fantástico dragón, también metamorfoseado en serpiente.

El agua es otro de los componentes fundamentales de la historia de los jardines. En este jardín se representa en varios episodios que sorprenden al viandante. Una fuente mana en el punto más alto del jardín, escondida entre los cítricos. Su forma es laberíntica sugiriendo misterio. El agua brota del suelo y se desliza por canalillos que recorren las terrazas de agrios, sumergiéndose en su tramo final y discurriendo enterrada bajo la explanada, vuelve a emerger en el estanque donde se reflejan las ninfas metamorfoseadas en árboles. Por último otro estanque, éste más recóndito, mantiene el agua en quietud, rodeado de muros y cipreses. En él la diosa protectora de los jardines se asoma y constituye un lugar de especial calma.

La idea de reunir en este jardín una colección de cítricos, un género que aúna la tradición jardinera valenciana, la agrícola indiscutible en nuestra tierra, y la botánica por su carácter de colección, permite recuperar alguna de aquellas especies que existieron en la desaparecida colección que un día tuvo el jardín botánico: Citrus limón variegatum, Citrus multiformis, Citrus Bergamota… que constituyeron el último reducto del mundo ornamental de los cítricos. Esta colección está representada por los ocho grupos agronómicos que componen el género citrus: cidro, limonero, mandarino, naranjo amargo, naranjo dulce, pomelo y pummelo, cultivados en forma de árbol, en maceta o en espaldera, técnicas diferentes que los lligadors d’horts o jardineros valencianos, tan apreciados en tiempos de Alfons el Magnànim, manejaban con verdadera destreza y que hoy son prácticamente desconocidas.

Las Hespérides
El género citrus pertenece a la familia botánica de las auranciáceas, así las manzanas de oro de las hespérides, aluden tanto al origen botánico como al origen mitológico de los cítricos, según el cual, cuando la boda de Hera con Zeus, la tierra –Gea– había dado a la Diosa como presente nupcial unas manzanas de oro que Hera encontró maravillosas, hasta el punto de haberlas hecho plantar en su jardín. Confió la custodia de las manzanas y del árbol maravilloso que las producía a Ladon, el dragón inmortal de 100 cabezas. Puso también como guardianes a tres ninfas del atardecer, las Hespérides, llamada Egle, Eritia y Hespertusa –Resplandeciente, Roja y Aretusa del Poniente- nombres que recuerdan los matices del cielo cuando el sol va hacia el ocaso.

A Hércules le fue encomendado, entre los doce trabajos que debían convertirle en héroe, robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Fue a buscar los frutos de la inmortalidad y se apoderó de ellos venciendo al Dragón, que fue transportado al cielo donde se convirtió en constelación: la serpiente. Las Hespérides, desesperadas por haber perdido las manzanas cuya custodia tenían confiada, se transformaron en árboles: olmo, sauce y álamo y así las vemos en el jardín.

  • HORARIO
  • Primavera-Verano:10:00-20:00
  • Otoño-Invierno: 10:00-18:00
  • DIRECCIÓN
  • Beato Gaspar Bono (entre el Jardín Botánico y la G.V. Fernando el Católico)
  • ENTRADA
  • Gratuita
  • SUPERFICIE
  • 4.700 m2

EL RECORRIDO


LA RUTA

El jardín de las Hespérides se propone como un espacio cerrado, donde el relato mitológico ha servido de hilo argumental y se ha interpretado por medio de diferentes especies vegetales y esculturas.

Con el telón de fondo de los muros de ciprés intermitentes, la presencia de agua, que mana de la fuente acompaña en su recorrido a una completa colección de cítricos representada por 54 variedades diferentes.

La vegetación se apoya en esculturas, que representan a Hércules, la metamorfosis de las Ninfas en árboles y a la Venus Afrodita, protectora de los jardines y Huertos.